¿Puede el ciclo menstrual afectar al rendimiento de las deportistas? ¿Es posible planificar el entrenamiento en función de las diversas fases que lo forman? La literatura científica observa las posibles implicaciones en el rendimiento del ciclo menstrual, tras comprobar que extrapolar los estudios realizados en hombres a las mujeres es un error. La anatomía y fisiología de la mujer precisa de estudios específicos, teniendo en cuenta, como no, el ciclo menstrual.

¿Es interesante entonces adaptar nuestros entrenamientos? ¿Merece la pena si somos deportistas amateaur o solo se verían beneficiadas aquellas deportistas que compiten a nivel profesional? ¿Debe adaptarse también la alimentación? Estas son preguntas que iremos resolviendo, pero sin duda el conocimiento de la mujer sobre su propio cuerpo es necesario. Debemos conocernos, fase a fase. Por tanto, antes de poder lanzarnos a planificar el entrenamiento en función de nuestro ciclo menstrual, debemos conocer exactamente qué sucede en cada una de las fases, así como cuáles son las hormonas involucradas en el proceso.

 

El ciclo menstrual

 

Las mujeres producen óvulos en ciclos menstruales que pueden oscilar entre los 24 y los 35 días, aunque el promedio es de 28 días. Estos ciclos se caracterizan por una descarga uterina con sangre (denominada menstruación), cuya duración puede oscilar entre los 3 y los 7 días. En este ciclo, por lo tanto, se pueden describir los cambios producidos en los folículos del ovario (ciclo ovárico) y los cambios del recubrimiento endometrial del útero (ciclo uterino).

 

Hormonas implicadas

Gonadotropinas

 

Es necesario realizar una parada aquí y comprobar cuales son las hormonas implicadas en el ciclo femenino. Para ello, debemos analizar la función del hipotálamo y la hipófisis en este proceso, ya que forman una unidad encargada de controlar diversas glándulas endocrinas, entre otras funciones.

La glándula hipófisis (también denominada glándula pituitaria) se puede dividir en dos zonas claramente delimitadas: el lóbulo anterior (adenohipófisis) y el lóbulo posterior (neurohipófisis). La principal hormona involucrada en el ciclo menstrual es la hormona liberadora de gonadotropina (GnRH), secretada por el hipotálamo. Esta hormona, a su vez, estimula a la hipófisis (especificamente a la adenohipófisis) para liberar dos hormonas que serán clave, denominadas gonadotropinas: la hormona luteinizante (LH) y la hormona folículo-estimulante (FSH). Más tarde comprobaremos como la hormona luteinizante induce la secreción de las hormonas ováricas.

Hormonas ováricas

 

Por otra parte, si analizamos la función de los ovarios, observamos que estos producen y excretan hormonas que resultan imprescindibles para diversas funciones, especialmente la reproducción y el desarrollo de las características sexuales secundarias. Además de la secreción indicada de hormonas, también tienen la función de proporcionar los óvulos para su fecundación.

Los ovarios se dividen en dos regiones:

  • Médula central: centro del ovario.

  • Córtex externo: situado en la periferia del ovario y compuesto por células germinales, denominadas ovocitos.

Tanto la maduración de los ovocitos como la producción de hormonas se produce en el córtex ovárico, en unas estructuras anatómicas denominadas folículos ováricos. Los ovarios producen y excretan hormonas sexuales femeninas, siendo de especial relevancia la producción de dos grupos de hormonas esteroideas (derivadas del colesterol): los estrógenos y la progesterona. Los estrógenos son producidos por los ovarios, la placenta y, en menor medida, por las glándulas adrenales, siendo el estradiol el principal y más potente estrógeno.

Es interesante tener en cuenta que tanto en los hombres como en las mujeres se producen estrógenos y andrógenos, aunque los estrógenos predominen en las mujeres y los andrógenos en los hombres. Podemos comprobar, de forma resumida, las glándulas sexuales y las hormonas secretadas en la siguiente imagen:

Fases del ciclo menstrual

 

Si nos centramos en el ciclo ovárico, podemos dividirlo en tres fases bien diferenciadas, que son la fase folicular (crecimiento del folículo), ovulación (el folículo se rompe y libera el ovocito) y la fase lútea (el folículo roto se transforma en un cuerpo lúteo, que secreta hormonas). No obstante, podemos observar que en cada fase y sub-fases se producen una serie de modificaciones en base a la liberación de las hormonas involucradas y sus distintos niveles a lo largo del ciclo menstrual.

Vamos a comprobar, a continuación, cada una de las fases del ciclo ovárico (2):

Fase folicular

 

Fase folicular temprana (días 1 a 4): se inicia con el sangrado menstrual y se corresponde con la finalización del ciclo anterior. Antes del inicio de cada ciclo, se incrementa la secreción de gonadotropinas por la hipófisis anterior. Entre el inicio del sangrado hasta los 4 días posteriores se inicia el desarrollo progresivo de folículos primarios, especialmente gracias a los altos niveles de FSH. Los altos niveles de gonadotropinas en plasma pueden relacionarse directamente con los bajos niveles plasmáticos de hormonas sexuales, como consecuencia de la regresión del cuerpo lúteo del ciclo anterior. En esta fase los niveles de estradiol son bajos.

Fase folicular media (días 5 a 7): A medida que los folículos crecen aumenta la producción de hormonas esteroideas. Se produce un progresivo y lento aumento de estrógenos que determinan la disminución de los niveles de FSH, permitiendo que la relación FSH:LH sea inferior a 1. El incremento de estradiol circulante provoca una retroalimentación negativa sobre la secreción hipofisiaria de FSH y LH, evitando el desarrollo de más folículos en el mismo ciclo. Además, el estradiol estimula la secreción de más estradiol, permitiendo que los folículos continúen sintetizándolo a pesar del descenso en la secreción de gonadotropinas.

Fase folicular tardía (días 8 a 12): incremento de los estrógenos, procedente del folículo dominante. En esta fase el folículo ha madurado completamente. Al finalizar la fase folicular, las células de la granulosa (céulas alargadas que rodean el ovocito) comienzan a secretar pequeñas cantidades de progesterona, junto con el estradiol. Aunque el estradiol ejercía una retroalimentación negativa sobre la secreción hipotalámica de las gonadotropinas en la fase folicular temprana, en esta fase ejerce una retroalimentación positiva, por lo que se produce un aumento de los niveles de la FSH y LH. Por tanto, los altos niveles de estradiol, junto con la progesterona secretada, dan lugar a un pico ovulatorio en el que la LH aumenta en mayor medida que la FSH. Este pico de LH es imprescindible para lograr la ovulación, ya que es necesario para facilitar los últimos pasos de maduración del ovocito.

 

Ovulación

 

Fase periovulatoria (días 13 a 14): se alcanza el pico máximo en la secreción de estradiol. Pasadas 24-48 horas de este aumento de estradiol aparecerá un pico de LH y FSH, que alcanzarán sus niveles máximos entre 16 y 24 horas antes de la ovulación. Tras la ovulación, se produce una disminución de los estrógenos y un aumento de progesterona.

Fase lútea

 

Fase luteínica inicial (días 15 a 21): tras la ovulación, y los tres días posteriores, se produce la formación del cuerpo lúteo, a partir de los restos foliculares y gracias a la acción de la LH. Los niveles plasmáticos de progesterona continúan aumentando, como consecuencia de la maduración inicial del cuerpo lúteo. Por su parte, el estradiol, que sufre una disminución tras la ovulación, comienza a aumentar de nuevo. La FSH y LH comienzan a disminuir, hasta alcanzar valores próximos a los encontrados en la fase folicular.

Fase luteínica media (días 22 a 24): máxima actividad del cuerpo lúteo. La progesterona alcanza sus máximas concentraciones, mientras que los estrógenos alcanzan un segundo pico, inferior al de la fase periovulatoria. Las gonadotropinas presentan los niveles más bajos de todo el ciclo menstrual, debido a la retroalimentación negativa de las hormonas ováricas (estrógenos y progesterona).

Fase luteínica tardía (días 25 a 28): disminución de la secreción hormonal de progesterona y estradiol, con un incremento de FSH y LH y degeneración del cuerpo lúteo (los niveles hormonales esteroideos disminuyen hasta alcanzar valores de casi cero). Esta disminución provoca que no haya una retroalimentación negativa sobre las gonadotropinas y, por lo tanto, se incrementen los niveles de FSH. Además, los bajos niveles de hormonas ováricas propician el inicio del flujo menstrual.

 

Ciclo uterino

 

Por último, comentar que el recubrimiento endometrial del útero atraviesa también el denominado ciclo uterino, que se puede dividir en tres fases: la menstruación (que correspondería con la fase folicular del ciclo ovárico), la fase proliferativa (el endometrio se prepara para el embarazo añadiendo una nueva capa de células) y la fase secretora (el endometrio pierde capas superficiales a través de la menstruación en el caso de que no se haya producido el embarazo).

El siguiente esquema muestra de forma muy clara las diversas fases, pudiendo comprobar también las hormonas involucradas en el ciclo ovárico.

 

Una vez que sabemos, a grandes rasgos, la anatomía y fisiología del sistema reproductor femenino, podremos en la segunda parte de este artículo, comprobar cuáles pueden ser las repercusiones del ciclo menstrual en el rendimiento de las deportistas.

 

Bibliografía:

 

(1) Hunter SK. Sex differences in human fatigability: Mechanisms and insight to physiological responses. Acta Physiol. 2014; 210(4): p. 768-89.

(2) Tresguerres J, Ariznavarreta C, Cachofeiro V, Cardinali D, Escrich E, Gil-Loyzaga P, et al. Fisiología humana. 4a ed. México: McGraw-Hill; 2010.